¿Alguna vez has soñado en que el cine de terror actual sea respetado y dejen de poner etiquetas absurdas donde no toca? Pues este es el caso de La Sustancia (The Substance, 2024) dirigida por Coralie Fargeat, una realizadora a la que se le nota que le gustan las cintas de miedo pasadas de vueltas y a la que con este título, están intentando polarizar a otro tipo de intereses fuera del entretenimiento puro y duro. El filme en cuestión es excelente. Una montaña rusa de más de dos horas de duración que se pasan volando. Y para conseguir eso, hay que tener talento. Todo sea dicho. Ella lo tiene y lo demuestra. Vamos por partes. El filme no ofrece nada nuevo que no hayamos visto mil veces en el cine de Serie B pero Coralie demuestra estilo, estética y ha conseguido endosar en los multicines esta obra incomoda, tremendamente satírica y divertida a más no poder. El problema es como partes de la crítica la están intentando vender como algo nunca visto y ciertos sectores la están condicionando con discursos de fulanas baratas. Pero si eso sirve para acercar a un público más amplio, pues bueno. Peores estrategias de marketing se han visto.
Y dicho lo anterior, vamos con su reparto que se encuentra encabezado por Demi Moore. Actriz muchas veces ninguneada por el tipo de papeles que aceptaba y/o abordaba y… ¡Sorpresa! Ahora es la octava maravilla del mundo para todas las petardas y chaqueteros de turno cuando la ponían a caer de un burro décadas atrás. Talento tenía y le sobraba. Otra cosa es que se le diera la validación que merecía. Y es que ahora somos todxs superfeministas. Claro que si, guapis. Pues haberla recordado antes también. Y después de dar un repaso a la hipocresía actual, vamos con la intérprete en cuestión que maneja su personaje a las mil maravillas. Demi devora la trama y se come con patatas al resto del reparto. La secundan Margaret Qualley y Dennis Quaid. Horror valiente del que hace tiempo que ya no se hace y que al desfilar por Cannes pues la ha liado parda a posteriori. Y vaya si lo ha conseguido vomitando bilis, sangre y todo tipo de fluidos al público en general en su cara. Literalmente. Sin duda, es uno de los pelotazos del año. Un fenómeno imperdible. Pero volvemos a remarcar, hay que disfrutar del género en paz y disfrutarlo como se merece. Sin politizarlo o marearlo innecesariamente porque cariños, no hay que darle la vuelta a una producción que ya funciona solita y a la que referencias underground, no le faltan.
